Ya hemos leído nuestro primer libro electrónico y ha sido en el kindle con el que mis mujeres, accionistas y dueñas de la editorial, me han hecho entrar, aún más, en el mar de la informática, si a esto le añadimos el Ipad que también ha caído, empiezo a sospechar que no les está gustando por dónde va la diminuta editorial y quieren ahogarme informáticamente.
Pero uno es un profesional y después de buscar un rato por donde se abría el susodicho aparato electrónico he comenzado a trastear con él, y así en principio ni se ha estropeado ni se ha fundido la pantalla, es más me ha preguntado si quería un libro y sin pensármelo dos veces he puesto un título, Cuestión de galones, un autor, Ricardo Bosque, resultado: que había que pagar por leer el libro (y yo que pensaba que a través de la red todo era gratuito y que Amazon y Apple eran las “ hermanitas de la caridad” de Internet)
He mirado la tarjeta de crédito, me ha mirado, nos hemos mirado y hemos pedido la tarjeta a la accionista principal de la editorial quien en un alarde de magnificencia navideña ha tecleado unos número y nos ha regalado por 3,99 € el libro.
Bueno, ya tenemos el libro descargado, damos a una tecla y aparece un libro que tiene portada, dedicatoria, agradecimientos, biografía con foto del autor y hasta una historia vamos como si fuera como los de papel. Por cierto el aparato pesa mucho menos que un libro de papel y además cabe en un bolsillo, lo puedes dejar en cualquier sitio (esto trae miradas asesinas del accionariado femenino), lo puedes leer en cualquier lugar (viene muy bien cuando esperas en la puerta de Zara), y además te da una pose más intelectual y “cool” de cara a los demás.
Pero lo importante es la historia que nos ha escrito Ricardo Bosque en Cuestión de galones, una historia policiaca que sigue los criterios clásicos de la novela negra, muerto importante y pareja de policías que investigan y que en esta novela no son de la Guardia Civil, sino de la Policía Fluvial o en un lenguaje más técnico Flota Urbana de Vigilancia e Intervención. Si a esto le añadimos que la historia se ubica en el 2041 (33 años después de la Expo de Zaragoza) y que la capital maña se ha convertido en la Venecia de los Monegros con su GCAB (Gran Canal Alberto Belloch) nos daremos cuenta que hay una historia diferente y divertida.
Lo que más nos ha gustado, aparte de una historia policiaca muy bien escrita y resuelta en la parte de la trama, ha sido el humor que la novela tiene desde la primera página electrónica, un humor que ha conseguido que no pierda la sonrisa en ningún momento y que incluso me ha provocado carcajadas (y esto en la puerta de Zara no es muy recomendable ya que la gente te mira de una manera…). Haciendo memoria, otro libro que me produjo esa sensación fue, en 2001, el libro de Pablo Tusset: Lo mejor que le puede pasar a un cruasán.
El humor de Ricardo Bosque es un humor de hombres (esto no quiere decir que las mujeres no lo cojan pero tampoco va a servir para levantar la estima que tienen de nuestro humor), pero de hombres de más de cuarenta años, curtidos y con conchas (y coño quien quiera saber más que se lea el libro).
Apuesto y deseo que haya más historias del Capitán Ulises Sopena y de su compañera la subteniente Sara Fitzpatrick. Y si el libro de Pablo Tusset fue llevado al cine, ¿porque el libro de Ricardo Bosque no puede llegar a ser una película? Eso sí que los actores que elijan sean mejores que los de la película del cruasán.
Ricardo Bosque es un autor muy conocido en los ambientes de la novela negra española ya que es editor del blog La Balacera y de la revista digital Calibre 38, y aparte de Cuestión de galones es autor de otras tres novelas: El último avión a Lisboa, Manda flores a mi entierro y Suicidio a crédito. En estas dos últimas aparece la singular Tana Marqués, florista y personaje que se dedica “a suicidar” a la gente incapaz de hacerlo.
Y que hacen ahí, corran y cojan la tarjeta de crédito de su parienta y regálense un libro electrónico que les hará pasarse unos días muy divertidos e interesantes con su lectura