—Asesinato, querido Watson.
Perplejo, Watson recorrió la escena del supuesto crimen. En un sillón, un cuerpo reclinado, con una copa de sherry en la mano izquierda, y sobre las rodillas, su última lectura: Papeles póstumos del club Pickwick, de Dickens. En la librería, Shakespeare, Chaucer, Cervantes, Dante. Al lado, una alacena con bebidas: whisky, ginebra, oporto, sherry, vodka, tequila.
—¿Quién es el difunto? —preguntó Holmes
—Mr. Hallmant, presidente de la Organización de Bebedores de Ron (Oberon).
—Querido Watson, aquí tenemos la clave del asesinato, que además demuestra que el asesino es el mayordomo.
El inspector Kent, presente en la conversación, mandó llamar al sospechoso, quien acabó confesando su crimen.
Maravillado, Watson preguntó al detective cómo lo había deducido.
—Elemental, querido Watson. Si el difunto Mr. Hallmant presidía la Organización de Bebedores de Ron, ¿por qué faltaba el ron en la alacena? Sólo se encargaba de las bebidas el mayordomo, quien nos ha confesado que tras envenenar el ron, retiró la botella y el vaso y colocó en su lugar la copa de sherry. Es doblemente condenable, por asesino y por mal mayordomo: no tenía reservas de la bebida predilecta de su jefe, e ignoraba que el sherry no debe servirse tras la caída de la tarde.
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